En los pasillos y salas del Hospital Clínico de Magallanes, la labor silenciosa, constante y profundamente humana de las Damas de Blanco se ha convertido en un pilar fundamental para decenas de pacientes que atraviesan momentos difíciles de salud. Con 28 años de historia ininterrumpida en la capital regional ejerciendo desde el 8 de octubre de 1991, esta agrupación de voluntariado cristiano evangélico conjuga la fe con la acción práctica, llegando directamente a quienes más lo necesitan.
En “tribuna Magallánica” las voluntarias Gladys Silva y Amelia Hernández, detallaron su labor, dando cuenta que actualmente son 24 voluntarias provenientes de diversas denominaciones evangélicas (metodistas, asambleas de Dios, apostólicas, anglicanas, entre otras), el grupo se distingue por su enfoque cercano y humano. A diferencia de otras agrupaciones dedicadas a la asistencia en policlínicos, las Damas de Blanco realizan un recorrido sala por sala dentro del recinto hospitalario.
El motor principal de su labor es el apoyo espiritual. En tiempos donde los diagnósticos complejos, la soledad y la salud mental afectan tanto a jóvenes como a adultos mayores, las voluntarias entregan una palabra de aliento, un abrazo, una sonrisa y espacios de oración a los pacientes que lo solicitan.
Para continuar financiando la compra de insumos básicos, pañales y elementos de ayuda técnica que sostienen su labor durante todo el año, las Damas de Blanco llevarán a cabo su colecta anual los días 2 y 3 de octubre, el Jueves 2 de octubre las labores focalizadas al interior del Hospital Clínico de Magallanes y el Viernes 3 de octubre se Desplegarán en las principales calles y puntos de alta concurrencia de la ciudad (tales como centros comerciales, supermercados y Zona Franca), con voluntarios debidamente identificados.
Desde la agrupación hicieron un llamado a la comunidad magallánica a colaborar con esta noble causa, reafirmando que cada aporte se traduce en dignidad, compañía y amor para los pacientes más vulnerables de la región.
Junto al acompañamiento espiritual, el voluntariado cumple una vital función material. Muchas personas llegan derivadas de distintas localidades de la región —como Puerto Edén, Villa Tehuelches o Porvenir— por situaciones de urgencia, ingresando al hospital de manera imprevista y sin implementos básicos.
Ante realidades complejas de abandono familiar, escasez de recursos o la falta de redes de apoyo, las voluntarias asumen un rol activo que incluye desde la facilitación de útiles de aseo, ropa y pañales, hasta la asistencia directa en el aseo y cuidado personal de los pacientes. Asimismo, extienden su red de apoyo más allá del alta médica, acompañando casos críticos de dependencia o adicciones con gestiones y visitas domiciliarias.












