Una temporada estival con luces y sombras es la que vive hoy la región de Magallanes. Si bien el turismo sigue siendo uno de los principales motores económicos del territorio, las cifras aún no logran alcanzar los niveles previos a la pandemia y nuevos desafíos obligan a reforzar la coordinación y el compromiso local.
Así lo explicó Daniela Rodríguez Crema, gerenta de Austrochile, quien abordó la disminución de pasajeros que llegan a Punta Arenas, especialmente en comparación con los años 2017 y 2018. Según detalló, hoy arriban cerca de un 20% menos de pasajeros por vía aérea a la capital regional, fenómeno que se explica en parte por el fortalecimiento de la ruta directa Santiago–Puerto Natales.
A ello se suma la baja en recaladas de cruceros. Esta temporada 2026 han llegado entre 19 y 20 cruceros menos que el año anterior. La situación, según explicó, responde a factores como limitaciones históricas de infraestructura portuaria y los costos de operación, lo que ha llevado a varias líneas a optar por Ushuaia como puerto principal.
Si bien este año se inauguró nueva infraestructura portuaria que permitirá recibir embarcaciones de mayor tamaño, el desafío ahora es consolidar a Punta Arenas como una ciudad anfitriona competitiva y preparada para recibir visitantes durante toda la temporada, incluyendo fines de semana.
En ese punto, surge una crítica que no pasa desapercibida entre vecinos: la imagen que se proyecta cuando los turistas bajan de un crucero y encuentran el comercio cerrado. Desde el sector turístico reconocen la dificultad que implica operar siete días a la semana, especialmente por temas laborales y de costos, pero también valoran iniciativas como el punto de información turística instalado en el puerto, que orienta a los visitantes hacia los locales que sí están funcionando.
Otro tema que preocupa es el aumento de infracciones en áreas protegidas, como fogatas en lugares no habilitados, consumo de cigarrillos en zonas prohibidas o conductas irresponsables en reservas y pingüineras.
Rodríguez sostuvo que, si bien se trata de situaciones lamentables, también han generado mayor conciencia ciudadana. Cada vez es más frecuente que vecinos intervengan cuando observan conductas que ponen en riesgo el entorno natural.
“Gran parte de nuestro territorio es área protegida. Vivimos del turismo que se ejerce de manera responsable, y es nuestro deber cuidar el territorio porque es donde vivimos”, enfatizó.
En paralelo, preocupa la disminución de la población de pingüinos en Isla Magdalena, fenómeno que ya había sido advertido hace años por estudios científicos. Factores como sequía, variaciones en la cadena alimenticia, aumento de lobos marinos y cambios en el ecosistema estarían influyendo.
Actualmente, se busca gestionar más estudios que permitan monitorear las rutas migratorias de los pingüinos una vez que abandonan la isla. La intención es reinvertir recursos generados por la actividad turística en investigación científica que permita proteger mejor la especie y evitar consecuencias mayores en el futuro.
Pese a las dificultades, el verano sigue ofreciendo múltiples panoramas para residentes y visitantes. Avistamiento de ballenas en el Parque Marino Francisco Coloane, trekking en Torres del Paine, excursiones a la Ruta de los Glaciares, visitas a Isla Magdalena, actividades en estancias, gastronomía local y celebraciones especiales por el Día de los Enamorados son parte de la oferta vigente.
También se destacan promociones especiales en algunos servicios turísticos, tanto para magallánicos como en algunos casos para adultos mayores. Desde Austrochile recomiendan consultar directamente con las empresas, ya que muchas veces existen tarifas diferenciadas que no siempre están publicadas.
A ello se suman beneficios como la tarjeta Punta Arenas, que ofrece descuentos en más de 200 locales, y la tarjeta Integración Austral, que permite acceder a promociones tanto en Punta Arenas como en Río Gallegos.
Magallanes enfrenta una temporada desafiante, pero con oportunidades claras: mejorar infraestructura, fortalecer la coordinación público-privada, avanzar en investigación ambiental y, sobre todo, seguir cultivando algo que se ha vuelto evidente este verano: el compromiso de los propios magallánicos en cuidar su casa y recibir bien a quienes la visitan.













