Alejandra Alvaradejo, docente Santo Tomás Punta Arenas
En Magallanes, el emprendimiento ha sido históricamente una respuesta a las necesidades de un territorio distante y con características únicas. Detrás de cada pequeño negocio existe una historia de esfuerzo, perseverancia y capacidad de adaptación. Sin embargo, muchos de estos proyectos encuentran un límite en la informalidad, una condición que, lejos de facilitar el crecimiento, restringe las posibilidades de acceder a nuevas oportunidades.
Formalizar un emprendimiento no debe entenderse únicamente como un trámite administrativo o una obligación legal. Es una decisión estratégica que permite acceder a financiamiento, participar en licitaciones, establecer relaciones comerciales más sólidas y entregar mayor confianza a clientes y proveedores. Además, representa un aporte concreto al desarrollo económico de la región al promover empleos estables y con mejores condiciones laborales.
Pero la formalización por sí sola no garantiza el éxito. Hoy más que nunca, los emprendedores necesitan desarrollar competencias en administración, gestión financiera, liderazgo y planificación. La educación se convierte así en un aliado fundamental para transformar una buena idea en un proyecto sostenible en el tiempo.
Las instituciones de educación superior tienen un papel relevante en este proceso. Formar profesionales capaces de comprender la realidad regional y entregar herramientas para fortalecer el ecosistema emprendedor es una contribución directa al crecimiento de Magallanes. La vinculación entre la academia, el sector productivo y los emprendedores genera un círculo virtuoso que beneficia a toda la comunidad.
El futuro de nuestra región dependerá, en gran medida, de la capacidad que tengamos para impulsar negocios más competitivos, responsables e innovadores. Promover la formalización junto con una formación profesional de calidad no solo fortalece a las empresas, sino que también contribuye a construir una sociedad con mayores oportunidades, más equidad y un desarrollo sostenible que responda a los desafíos del territorio.
Invertir en conocimiento y avanzar hacia la formalidad es apostar por una economía regional más sólida, preparada para enfrentar los cambios y generar bienestar para las futuras generaciones.
Por otra parte, las instituciones de educación superior tienen el desafío de ser catalizadores de innovación.
El rol de las instituciones de educación superior trasciende el aula. Al vincular la academia con el sector productivo local, no solo entregan conocimientos técnicos; se fomenta una cultura de innovación abierta, donde el estudiante —futuro administrador— y el emprendedor co-crean soluciones a problemas reales.
Esta sinergia es la que permite transformar, por ejemplo, el aprovechamiento sostenible de recursos marinos o la optimización en la gestión de servicios turísticos, elevando el estándar de nuestra economía regional.
Para las y los estudiantes, la innovación en administración es el puente necesario: es la herramienta que permite que un proyecto informal, nacido del esfuerzo, se transforme en una empresa competitiva, capaz de gestionar riesgos, planificar financieramente y escalar sus procesos. Al aplicar estos modelos, estamos preparando profesionales que no solo administran recursos, sino que gestionan el desarrollo sostenible de Magallanes.













