Frente al estrecho de Magallanes, en el Museo de Sitio Nao Victoria, comienza a materializarse un nuevo hito simbólico que busca fortalecer el vínculo histórico, cultural y territorial entre Punta Arenas y la Antártica. La iniciativa apunta a algo más que marcar una distancia geográfica: propone conectar a la ciudad con el Continente Blanco desde la memoria, el relato y la identidad austral.
El proyecto contempla la instalación de un letrero con la palabra “Antártica”, cuya principal particularidad es que la letra “T” está representada por una cola de ballena. Este elemento simbólico se complementa con información sobre la distancia aproximada entre Punta Arenas y la península Antártica —cerca de 1.200 kilómetros— y con su emplazamiento junto a la réplica del James Caird, la histórica embarcación utilizada por Ernest Shackleton en una de las travesías de supervivencia más extremas del siglo XX.
Para Juan Luis Matassi, gestor del Museo Nao Victoria, el hito responde a una realidad concreta: la mayoría de las personas que visitan Punta Arenas nunca llegará físicamente a la Antártica. “Queremos que la gente se lleve el recuerdo de haber estado en un punto específico, a una distancia real del territorio antártico”, señaló, destacando que la iniciativa busca transformar un dato abstracto en una experiencia tangible y significativa.
Ese mismo enfoque experiencial guía la museografía del recinto, donde réplicas a escala real como la Nao Victoria, el HMS Beagle, el James Caird y la goleta Ancud permiten al público dimensionar las condiciones extremas en que se realizaron las grandes navegaciones australes. “El viaje está muy presente en el imaginario, pero no el barco. Cuando las personas ven el tamaño real de estas embarcaciones, recién comprenden lo duras que fueron esas expediciones”, explicó Matassi.
La construcción del James Caird en Punta Arenas fue el resultado de un riguroso proceso de documentación, basado en planos originales y fotografías del bote conservado en el Dulwich College de Londres. El trabajo fue validado por Alexandra Shackleton, nieta del explorador, quien ha visitado el museo en tres ocasiones y ha reconocido públicamente la fidelidad de la réplica.
Desde una mirada complementaria, el sociólogo Marcelo Astorga, doctor en Ciencias Sociales e investigador del proyecto Nodo Antártico del Instituto Antártico Chileno (INACH), destacó el valor simbólico del hito, en especial la incorporación de la cola de ballena. Según explicó, este elemento invita a reflexionar sobre la relación histórica de Punta Arenas con el mar y con otras especies.
“Punta Arenas fue un lugar de explotación ballenera, cuando la Antártica y los mares australes eran concebidos como espacios de extracción”, recordó Astorga, subrayando que hoy la ballena se ha transformado en un símbolo de conservación y conciencia ambiental. En ese contraste, el investigador ve una oportunidad pedagógica que permite reflexionar sobre el pasado, el presente y el futuro de la relación entre la sociedad y la naturaleza.
Astorga añadió que el hito se integra a una red simbólica ya existente en la ciudad, compuesta por esculturas, antiguos emplazamientos balleneros y vestigios industriales, lo que permite activar preguntas y recorridos que profundizan la historia local. En ese contexto, el Museo Nao Victoria actúa como un espacio de mediación cultural, donde la Antártica deja de ser un territorio lejano para convertirse en una referencia cotidiana y discutida desde la ciudad.
Ambas miradas coinciden en que la construcción de una identidad antártica para Punta Arenas no depende exclusivamente de la ciencia o la institucionalidad, sino también de iniciativas culturales y ciudadanas que permitan apropiarse simbólicamente del territorio. En esa línea, el hito impulsado por el Museo Nao Victoria se proyecta como un espacio abierto al diálogo, donde la Antártica se imagina, se recuerda y se conversa desde el extremo sur habitado del país.














