Una crítica situación atraviesa la comunidad educativa de la Escuela Bernardo O’Higgins de la ciudad de Porvenir, donde los padres y apoderados del Séptimo Año B decidieron no enviar a sus hijos a clases a partir de este lunes 4 de mayo. La medida de presión, que cuenta con un 95% de adhesión, se mantendrá inicialmente hasta el viernes 8 de mayo, o hasta obtener una respuesta concreta sobre la habitabilidad del aula.
El conflicto se originó tras el retorno de las lluvias, que dejaron al descubierto la precariedad del sector del segundo ciclo. Según denunciaron los apoderados, la sala original del curso presenta inundaciones recurrentes, fallas eléctricas y daños severos en el piso, el cual se encuentra quebrado y con piezas sueltas, representando un peligro inminente de accidentes para estudiantes y docentes.
Ante el deterioro de la sala, los 28 estudiantes fueron trasladados provisoriamente al Centro de Recursos del Aprendizaje (CRA), espacio que funciona como biblioteca escolar. Sin embargo, la solución ha resultado insuficiente.
Sandra Loyola, presidenta del Centro de Padres del curso, explicó que el recinto anexo al gimnasio carece de aislamiento acústico. «No pueden estudiar tranquilos. Al estar pegados al gimnasio, el ruido de la música, los pelotazos y los gritos de las actividades deportivas son constantes. Es un espacio que no fue diseñado para impartir clases» precisó la dirigente, quien además criticó la falta de respuestas resolutivas por parte del SLEP Magallanes.
Desde la contraparte, el coordinador provincial del SLEP en Tierra del Fuego, Juan Castillo, informó que la restauración definitiva de la sala forma parte de un proyecto de mayor envergadura que será presentado al Gobierno Regional. No obstante, reconoció que, como toda obra pública, los tiempos de aprobación y ejecución no son inmediatos.
Respecto a la seguridad del aula original, Castillo señaló:
«Se solicitó a una empresa ver la factibilidad de retomar las clases en la sala original. Ya se mejoró la calefacción y se terminaron las filtraciones, lo cual se verifica con las lluvias. Sobre el piso, no apreciamos que esté roto, sino que hay un desprendimiento del flexit, lo cual estamos evaluando con el área técnica de infraestructura».
Los apoderados desmienten que las reparaciones hayan sido efectivas y exigen que, mientras se gestiona el proyecto definitivo, los alumnos sean reubicados en un espacio que cumpla con las condiciones pedagógicas mínimas. «No volverán hasta que tengamos una solución de habitabilidad real», sentenció Loyola, subrayando que las gestiones que realizan desde el 26 de marzo aún no rinden frutos satisfactorios para la seguridad de los niños.












