El alza sostenida del costo de la vida durante este año no solo ha impactado las finanzas de los hogares, sino también su bienestar emocional. Así lo evidencia un sondeo realizado por DefensaDeudores.cl a 1.257 personas, donde un 91,72% de los encuestados asegura que su estado emocional ha empeorado.
En la vida cotidiana, esta situación se traduce principalmente en un aumento de la ansiedad y el estrés, sensación que afecta al 59,75% de los participantes. A esto se suman sentimientos de tristeza o desánimo (18,54%) y rabia o frustración (14,50%), mientras que solo un 3,96% afirma no haber experimentado este tipo de emociones.
De acuerdo con Ricardo Ibáñez, el encarecimiento de la vida genera un impacto que va más allá de lo económico. Explica que muchas personas viven en un estado de alerta constante, intentando ajustar presupuestos que ya no alcanzan, lo que deriva en desgaste psicológico y emocional.
El estudio también muestra que el efecto se extiende al interior de los hogares. Un 31,64% de los encuestados afirma que los conflictos económicos han aumentado considerablemente, mientras que un 47,74% señala que han crecido de forma moderada. En total, cerca de ocho de cada diez hogares reconocen un incremento en las tensiones familiares vinculadas al dinero.
Para enfrentar este escenario, las familias han debido modificar sus hábitos. Más de la mitad (51,86%) declara haber dejado de comprar alimentos que considera saludables, un 46% ha postergado atenciones médicas y un 38,08% ha dejado de atender su salud mental. Asimismo, un 42,12% reconoce haber reducido encuentros sociales por motivos económicos.
Según Ibáñez, estas decisiones reflejan un nivel de ajuste que ya está afectando aspectos esenciales de la vida, como la salud y la alimentación, además de impactar la convivencia familiar.
En cuanto a las estrategias adoptadas, un 42,74% ha optado por reducir gastos básicos, mientras que un 20,78% ha debido aumentar su carga laboral o asumir un segundo empleo. Por su parte, un 16,42% reconoce haberse endeudado más y un 11,18% ha recurrido al apoyo de familiares.
El análisis concluye que la presión financiera no solo implica un desafío económico, sino que también está generando un deterioro en la calidad de vida, evidenciado en el aumento del estrés, las tensiones familiares y cambios significativos en la forma en que las personas viven y se relacionan en su entorno.
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