En “Dejaron Huella” de Bandera a Cuadros el panelista estable del programa repaso parte de su historia en el deporte motor en la Patagonia no se podría escribir sin los relatos de aquellos pioneros que, con más ingenio que recursos, transformaron el ripio y el viento en un escenario de gloria. Uno de esos nombres fundamentales es el de «Tincho» Gómez, quien recientemente compartió un viaje por su memoria, desde sus inicios como un niño que perseguía autos en bicicleta hasta convertirse en un referente de las dos y cuatro ruedas.
Los inicios: El despertar de una pasión
Todo comenzó en la cercanía del taller de Esteban Capkovic. El joven Ernesto Gómez, al sentir el rugir de los motores, abandonaba cualquier actividad para pedalear hacia el origen del sonido. Esa chispa lo llevó, en la década de los 70, a fundar el Moto club local junto a figuras como Tully Solo de Zaldivar y «Chiquitín» Gallego, entre otros.
Con la llegada de las icónicas motos Zanella importadas de Argentina, Gómez no solo aprendió a pilotar, sino que se graduó en la «universidad de la mecánica». «Eran motos de calle que cortábamos y preparábamos nosotros mismos; ahí aprendimos mecánica de verdad», recuerda. Su talento lo llevó a coronarse campeón Patagónico en Río Gallegos con apenas 17 años, marcando el inicio de una era de duelos épicos contra pilotos argentinos.
El salto al Turismo Carretera y el mítico «Despreciado»
La transición de la moto al auto fue natural para Tincho. Su primer gran compañero fue una Baturé, una réplica de la famosa «Coloradita» de Bordeu, armada por los hermanos Goich. Sin embargo, el vehículo que marcaría un antes y un después sería el «Despreciado», un auto construido por Esteban Capkovic, con el que alcanzó los campeonatos de 1978 y 1980.
«La moto te enseña el equilibrio y a perder el respeto a la velocidad. Por eso, cuando me subí al auto en la tierra, me fue muy fácil adaptarme», explica Tincho sobre su estilo de conducción en el complejo ripio magallánico.
Hitos y desafíos: Del asfalto a la Hermandad
La carrera de Tincho Gómez estuvo llena de transiciones críticas, como el paso del ripio al asfalto con su recordado Corvette, un desafío técnico que le exigió reformular su manejo. Más tarde, llegaría la etapa del equipo oficial Honda, donde rozó la gloria en el Gran Premio de la Hermandad, logrando un tercer lugar tras una remontada histórica bajo el barro y el agua de Tierra del Fuego.
El valor del equipo: La anécdota del motor «fantasma»
Más allá de los trofeos, Tincho destaca el compañerismo. Relata con emoción una noche en la que, tras fundir un motor en plena clasificación, dio la carrera por perdida y se retiró a un casamiento. Para su sorpresa, al pasar por el taller a las 3 de la mañana, encontró a su equipo liderado por Moisés chico Montiel y Omar Aburto montando un motor que fueron a buscar a la rectificadora de Nello Stefani. «Ese era el nivel de compromiso; me mandaron a acostar para que estuviera descansado para correr al día siguiente».
Tincho y Javier Barría viajaron a Santiago para participar en las Vizcachas en la categoría “TC Centurion 2.000” una categoría que tenia cobertura televisiva nacional.
Un legado que perdura
Con 18 temporadas en el Turismo Carretera y 5 títulos en la misma múltiples participaciones en las «3 Horas de Puerto Natales» y rallies como navegante, «Tincho» mira hoy sus trofeos con la satisfacción de quien vivió la época dorada del automovilismo regional. Para él, las carreras no eran solo competencia, eran la fiesta del pueblo, una pasión que, como aquel sonido del motor que buscaba en su bicicleta, nunca dejó de perseguir.
Ernesto Tincho Gómez Gallegos en la actualidad mantiene un Renault Clio preparado para rally y aún tiene en su taller un TC y es panelista estable del programa de deporte motor “Bandera a Cuadros” de radios Magallanes y Natales














