Durante los últimos días se confirmó el fallecimiento de “Rupestre”, una de las pumas más emblemáticas del Parque Nacional Torres del Paine y un verdadero ícono de la fauna silvestre de la Patagonia. De acuerdo con los reportes preliminares, el deceso se habría producido por causas naturales asociadas a su avanzada edad.
Testimonios de guías y fotógrafos de naturaleza que se encontraban en el sector, entre ellos el reconocido fotógrafo Gastón Barraza, relatan que durante una jornada de observación Rupestre se desplomó de manera natural, falleciendo horas más tarde. Quienes presenciaron el hecho describieron el momento como tranquilo y sin señales de intervención externa, destacando que “la vida silvestre sigue sus propias reglas”.
Rupestre no era una puma cualquiera. Con aproximadamente 13 años de vida, superó la esperanza promedio de un puma en estado salvaje, que suele situarse entre los 10 y 12 años. A lo largo de su vida logró sacar adelante varias camadas de cachorros, aportando de manera significativa a la genética y estabilidad de la población de pumas del parque.
Su historia trascendió las fronteras de Chile al convertirse en la protagonista de la serie documental de Netflix “Nuestros grandiosos parques nacionales”, narrada por el expresidente de Estados Unidos, Barack Obama. Gracias a esta producción, Rupestre alcanzó reconocimiento mundial y contribuyó a cambiar la percepción del puma, pasando de ser visto históricamente como una amenaza para el ganado a ser valorado como una especie clave del ecosistema y un atractivo fundamental para el turismo de naturaleza.
Otro de los rasgos que la hizo única fue su notable tolerancia a la presencia humana. Rupestre era conocida por su calma frente a cámaras y vehículos de observación, lo que permitió el desarrollo responsable del llamado “turismo de pumas” en la región de Magallanes, beneficiando tanto a la conservación como a la economía local.
La muerte de Rupestre marca el fin de una era para fotógrafos, guías y amantes de la vida silvestre en la Patagonia. Sin embargo, su legado permanece vivo en al menos cuatro generaciones de pumas que descienden de ella y que hoy habitan el sector del Lago Sarmiento y sus alrededores, consolidando su importancia en la historia natural del Parque Nacional Torres del Paine.













