Mientras miles de personas disfrutaban del colorido desfile del Carnaval de Invierno de Punta Arenas, hubo una imagen que, lejos de los escenarios y las comparsas, volvió a robarse el corazón de la comunidad. Se trata de Miriam, más conocida como «Milonga», uno de los personajes más queridos de la capital regional, quien fue captada recogiendo basura y colaborando con la limpieza de las calles en medio de la multitud.
Con una bolsa en sus manos y la misma alegría que la caracteriza, «Milonga» recorrió distintos sectores de la Costanera ayudando a mantener limpio el espacio público, mientras saludaba a vecinos y visitantes que no dudaban en reconocerla y agradecer su gesto.
La escena fue ampliamente comentada por quienes asistieron al carnaval, ya que refleja una faceta que desde hace años acompaña a esta querida puntarenense su compromiso por cuidar la ciudad que tanto ama.
Conocida por animar actividades comunitarias, bailar espontáneamente en la Plaza Muñoz Gamero y contagiar optimismo con su carisma, Miriam se ha transformado en un verdadero símbolo de Punta Arenas. Sin embargo, más allá de sus característicos pasos de baile, también ha destacado por su constante disposición a colaborar en la limpieza de espacios públicos, una labor que realiza de manera voluntaria y sin esperar reconocimiento alguno.
Su presencia en el Carnaval de Invierno no pasó inadvertida. Mientras las comparsas llenaban de música y color la Costanera, «Milonga» demostraba, una vez más, que el amor por la ciudad también se expresa en acciones simples, como recoger un papel del suelo o dejar limpio un espacio para que todos puedan disfrutar de la fiesta.
Para muchos puntarenenses, Miriam representa mucho más que un personaje popular. Es un ejemplo de solidaridad, sencillez y compromiso ciudadano, valores que la han convertido en un verdadero patrimonio humano de la comuna.
En una celebración que reunió a miles de personas para conmemorar los 30 años del Carnaval de Invierno, la imagen de «Milonga» limpiando las calles recordó que las grandes fiestas también necesitan de pequeños gestos de responsabilidad y respeto por los espacios comunes.
Porque mientras algunos brillan sobre un escenario, ella lo hace de otra manera con una sonrisa, una bolsa para recoger residuos y un inmenso cariño por Punta Arenas. Una lección silenciosa que, una vez más, fue aplaudida por toda la comunidad.













